Por qué los abogados deben unirse para construir un futuro global justo y sostenible

Vivimos un período de profunda tensión global. Las tecnologías digitales están transformando las sociedades a una velocidad que supera la capacidad de respuesta de los sistemas jurídicos. El cambio climático ya no es un riesgo abstracto, sino una realidad cotidiana. La desigualdad se está ampliando dentro de los Estados y entre ellos. Los conflictos armados, la desinformación y la polarización política están debilitando la confianza en las instituciones democráticas y en el propio Estado de derecho.

En estos tiempos, la pregunta no es si la ley importa. Claramente sí importa. La verdadera pregunta es... Cómo se utiliza y quién lo utiliza.

Para los abogados de todo el mundo, este momento exige más que experiencia técnica o cumplimiento formal. Requiere... ética jurídica renovada:una que reconecte el derecho con su propósito más profundo –la dignidad humana, la responsabilidad y la prevención del daño– y que reconozca la responsabilidad particular que tienen los abogados en la configuración de nuestro futuro compartido.

La ley siempre ha sido más que reglas

El derecho no surgió simplemente para organizar los mercados o administrar las transacciones. En el mejor de los casos, siempre ha servido como... puente entre culturas – un lenguaje compartido que permite que diversas sociedades coexistan pacíficamente bajo principios comunes.

Tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial, esta perspectiva sentó las bases del derecho internacional y europeo moderno. La Carta de las Naciones Unidas, la Declaración Universal de Derechos Humanos y, posteriormente, el proyecto europeo se basaron en una clara comprensión: La paz no puede perdurar sin justicia, dignidad e igualdad ante la ley..

En Europa, este compromiso se establece explícitamente en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea, que fundamenta la Unión en el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y los derechos humanos. Estos valores no son simbólicos. Son compromisos jurídicos y éticos que siguen resonando mucho más allá de las fronteras europeas.

Nos recuerdan que La ley nunca es neutral en cuanto a valoresCada sistema jurídico refleja decisiones sobre qué y a quién protege.

La ética como brújula del derecho

En un mundo globalizado, las leyes difieren entre jurisdicciones. La ética debe ir más allá.

La ética no es un complemento opcional al cumplimiento legal. Es la brújula que debe guiar la interpretación, la implementación y la reforma, en particular cuando la legislación es incompleta, está en constante evolución o es controvertida. Esto es evidente en áreas como la gobernanza climática, la inteligencia artificial, la rendición de cuentas corporativa y los derechos humanos en las cadenas de suministro globales.

Una comprensión globalmente válida de la ética se basa en un pequeño número de principios compartidos: el respeto a la dignidad humana, la minimización del daño evitable, la equidad y el reconocimiento de que nuestras acciones están interconectadas. Estos principios se manifiestan en diversas culturas y tradiciones morales —desde el humanismo hasta conceptos como Ubuntu— y se reflejan en marcos globales como el Acuerdo de París y los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos.

Para los abogados, la ética exige que nos preguntemos no sólo “¿Es esto legal?”, pero también “¿Es esto correcto?” – y estar preparados para actuar en consecuencia.

El abogado como guardián de los valores globales

Los abogados no son simplemente proveedores de servicios. En todas las jurisdicciones, los sistemas jurídicos reconocen a los abogados como... oficiales del tribunal y como actores esenciales en la administración de justicia.

Las normas internacionales, incluidas las desarrolladas por la Asociación Internacional de Abogados y las Naciones Unidas, enmarcan explícitamente a la profesión jurídica como guardiana de los derechos humanos, la independencia judicial y el estado de derecho.

Este rol conlleva privilegios: acceso a los centros de toma de decisiones, la capacidad de moldear las normas y la confianza de los clientes, las instituciones y la sociedad. Pero el privilegio conlleva responsabilidad.

Históricamente, los abogados han sido fundamentales en el avance de la justicia universal, desde la construcción de democracias constitucionales hasta la definición del derecho penal internacional y la defensa de las libertades fundamentales bajo presión autoritaria. Los desafíos actuales exigen el mismo sentido de propósito, adaptado a las nuevas realidades.

Navegando los desafíos globales actuales

La dimensión ética del derecho se hace particularmente visible frente a las crisis actuales:

  • Cambio climático plantea cuestiones de justicia intergeneracional, desplazamiento y responsabilidad por el daño ambiental.
  • Digitalización e inteligencia artificial cuestionar la privacidad, la autonomía, la igualdad y la participación democrática.
  • Desigualdad global Expone fallas en la protección laboral, el acceso a la justicia y la participación económica justa.
  • Tensiones geopoliticas Poner a prueba la resiliencia de las instituciones jurídicas frente al populismo, las sanciones y el retroceso democrático.

Los debates recientes en torno a las reformas regulatorias integrales en sostenibilidad y otras áreas políticas también resaltan la importancia del propio Estado de derecho. La seguridad jurídica, la proporcionalidad, la transparencia y la aplicación equitativa no son obstáculos para el progreso. Son condiciones previas para la legitimidad y la confianza.

En todos estos contextos, los abogados desempeñan un papel decisivo: como asesores, redactores, litigantes, educadores y guardianes de la rendición de cuentas.

Tres caminos hacia el impacto

Para que la profesión jurídica pueda afrontar este momento, tres pilares son especialmente importantes.

En primer lugar, la cooperación transfronterizaLas tradiciones jurídicas pueden diferir, pero la gramática de los derechos y la responsabilidad es común. La colaboración entre jurisdicciones fortalece nuestra voz colectiva y contrarresta la fragmentación.

En segundo lugar, la alineación global en torno a marcos compartidosInstrumentos como el Acuerdo de París, las normas internacionales de informes de sostenibilidad y los regímenes de debida diligencia en materia de derechos humanos proporcionan bases éticas comunes. Los abogados traducen estos compromisos en obligaciones exigibles y estructuras de gobernanza viables.

En tercer lugar, revisión independiente y rendición de cuentasLos tribunales, los organismos reguladores, las instituciones de defensa del pueblo y los mecanismos de supervisión de la sociedad civil siguen siendo salvaguardias esenciales cuando el poder político o económico se extralimita. Apoyar a estas instituciones no es activismo político; es fidelidad al Estado de derecho.

Un llamado a la comunidad jurídica global

Los desafíos que enfrentamos son globales. Nuestra respuesta también debe serlo.

No se trata de un llamado a la uniformidad, sino a la unidad en torno a valores compartidosNo por la competencia, sino por la colaboración al servicio del bien común. No por el idealismo abstracto, sino por la acción práctica y basada en principios, basada en la ley y la ética.

En GAIL, creemos que los abogados de todo el mundo pueden, y deben, unirse para construir un futuro pacífico, justo y sostenible. Un futuro en el que el derecho siga siendo una fuente de confianza, responsabilidad y desarrollo humano.

La pregunta que se nos plantea es sencilla, pero decisiva:
¿Qué papel elegiremos desempeñar?

Este artículo se basa en la conferencia magistral de Alexandra von Westernhagen pronunciada en Legal ESG Europe, París, el 16 de octubre de 2025.